La escritora catamarqueña Celia Sarquís conversó con nosotros sobre su trayectoria, primero como poeta y ahora en la prosa y nos cuenta de primera mano la experiencia de encarar una ficción histórica sobre uno de los personajes más singulares de la historia de nuestra provincia.

Celia siempre tuvo una tendencia fuerte a lo que ella llama poesía social, contar lo que tiene que ver con la problemática de lo marginal, de los barrios. Esos fueron sus primeros pasos como poeta. Desde muy chica trabajó en la docencia, primero como profesora de música en las escuelas primarias de Catamarca con solo 17 años, después, de a poco, fue encontrando espacio para la literatura que es lo que realmente la apasionaba y a donde ella sentía que tenía que ir. De su formación musical, Celia destaca el trabajo sonoro que le permitió cultivar en su poesía. Sin ese trabajo sonoro ella siente que su obra no estaría completa, como si el continente no lo acompañara al contenido. Esa misma experiencia poética es lo que después, ya iniciada en la narrativa utilizó para embellecer a su prosa con toda esa experiencia poética previa.

Hoy, Celia Sarquís está dispuesta a recorrer caminos nuevos, una etapa que se inaugura con su novela sobre Eulalia Ares y la revolución que puso orden en una Catamarca sumida en el caos y la guerra y la convirtió, en un mundo de hombres y estricta etiqueta social, en la primera mujer gobernadora. Aquí Celia se adentra en la investigación histórica, requerimiento indispensable para importar a un personaje real a las páginas de una novela. Porque además de ser una persona que existió, es además una personalidad del pasado, a veces tan cercana a la autora, a veces tan extraña. Encontrar esos puntos en común fue la principal.

¿Fue complejo unir la docencia con la escritura?

Fotos: Ariel Pacheco

Al momento de elegir qué estudiar, elijo Letras pensando en la escritura pero pensando más hacia periodismo, la crónica. Me gustaba mucho, si bien la carrera no forma escritores, te da todas las herramientas. Para mí la escritura tiene que ver con un proceso muy corto de producción inicial y un proceso muy largo de corrección posterior en el que a veces un texto puede llevarme años corregir. No me gusta mostrar ni editar nada hasta que esté satisfecha con ese trabajo de pulido; me gusta comparar el proceso de escritura con el de un alfarero: levantas la pieza, pero después el alfarero tiene que esperar que se seque. Para mí ese es el proceso de descansar el texto, de tomar distancia, hasta de olvidarme que lo he escrito y después lo retomo las veces que sea necesario. Ahí comienzo el trabajo de lijar asperezas, de decorar, de sacar lo que sobre, por eso aconsejo no apurarse con la escritura ni con el deseo de mostrar lo escrito.

¿En cada corrección influyen el contexto y las circunstancias que atraviesa el actor?

En el caso de la poesía, el trabajo se hace a veces de memoria por decirlo, al ser tan reducido uno a veces trabaja con una frase sola y la vas puliendo mentalmente; en mi caso mientras más actividades hago me fluyen más ideas en la cabeza. A mí me gusta mucho tejer, coser, cuidar las plantas y en ese proceso en el que yo estoy descargando mediante estas actividades físicas, las ideas me fluyen mejor.

Fotos: Ariel Pacheco

La poesía nace en su formato oral, el trovador la tenía que memorizar para ir a recitarla de lugar en lugar, por eso la importancia de la rima y la versificación porque ayudaba a que sean como capsulas sobre el cual iba el contenido, lo cual facilitaba al trovador a memorizar, si bien yo no trabajo con poesía tradicional si trabajo con la musicalidad, que es una forma moderna de reemplazar el viejo formato de la poesía tradicional por eso el pasar a la novela ha sido para mí un esfuerzo y un desafío muy grande porque en la novela, uno puede pensar las ideas pero la lentitud de la corrección implica sentarse muchas horas y leer y repensar muchas veces para mantener el hilo.

Contanos cómo nace la novela de Eulalia Arias…

El conocimiento de quien fue Eulalia Arias esta hace muchos años. Tenemos en Catamarca la presencia de su nombre en las calles, en bibliotecas populares, en escuelas y me ha impactado siempre. Lo que fui haciendo fue ir recolectando información, artículos, porque así como te decía del proceso de la cerámica, el proceso de una novela también tiene una previa antes de la escritura, sobre todo cuando se trata de narrativa histórica. En el caso mío, que tenía muy pocos elementos sobre la historia específica para trabajarla en profundidad, me implicó mucho estudio, mucha lectura, muchas consultas para poder llegar a armar todo el escenario y hacer lo más verídica posible a la historia. Fue todo un proceso, después de haber tomado cierto dominio sobre la narrativa la idea también era generar una narrativa histórica vinculada a la provincia de Catamarca, que sea una forma de conocer, de acercar ese proceso histórico a través de la literatura.

¿Cómo fue el proceso para crear la novela? ¿Primero se armó la historia global y después se empezó a capitular?

En general comienzo escribiendo unos primeros capítulos. Antes de eso comencé a buscar información pero no encontraba el punto de contacto con el personaje: buscaba información que me abra la puerta hacia ella, me identifique de alguna manera con ella. Leyendo encuentro que le gustaba mucho andar a caballo, fue como cuando uno conoce a alguien y de pronto encuentra un gusto común.

Así fue el comienzo, pero luego tomo contacto con Héctor Luna de la Editorial El Trébol y le cuento en lo que estaba trabajando; él me apoya pero me dice que capítulos parciales no leía, que quería una novela completa para leer, lo cual ha sido para mí un estímulo muy grande. Muchas veces he tenido el miedo de no terminarla y creo que ese espíritu de superación que hay en la historia de Eulalia Arias me llevó a continuar. Empecé escribiendo la primera parte de la historia de Eulalia que va desde sus 17 años hasta aproximadamente los 20, después escribí la tercera parte del libro hasta llegar al desenlace y después escribí la segunda parte. Para mí esta fue una forma de afrontar la dificultad que significaba contar una historia tan larga; tenía mucha información de la tercera parte, pero en el medio tenía que ver cómo era la realidad de Catamarca en esa época, la vinculación con el contexto nacional, las cuestiones políticas y como se fue gestando el ambiente para que una mujer en el siglo XVIII tome la decisión de tomar el poder político, de tomar un gobierno y convertirse en la primera gobernadora. Cómo una mujer que ni siquiera tenía la posibilidad de votar, opinar o de participar activamente en la sociedad, haya movilizado eso. Una de mis posturas tiene que ver justamente con la esencia femenina: la mujer es la que en época de guerra y lucha sostiene el hogar, sostiene la unidad, cura las heridas físicas y espirituales de la persona, ese es para mí uno de los principales motores que la movilizaron, porque Eulalia una vez que toma el poder, llega el gobernador, regresa su marido y vuelve a su casa, vuelve a su viejo rol. Además de esto también había un hartazgo con esas luchas que no tenían sentido ni fin: hay una frase de ella que se mantiene que dice “son unas aves de corral”, la utilizaba enojada con la falta de firmeza, de decisión de los hombres que manejaban la política de turno.

¿Cree que es una nueva forma de empoderar a Eulalia esta novela?

Pasa una cosa particular: no hay ninguna documentación oficial sobre Eulalia, lo dicen los historiadores a esto, no hay ningún documento de primera mano que registre este hecho generalmente conocido como “La Revolución de las Polleras”, muchos historiadores comentan sobre este hecho, inclusive relatan que ella recibió un reconocimiento del Congreso de la Nación por esta labor. Pero al transcurrir el tiempo es poco lo que hay para contar, la importancia era contar la gestación de esta revolución.

¿Qué expectativas tiene sobre la novela respecto a la reacción del público?

Fotos: Ariel Pacheco

Hay dos formas de lecturas complementarias de la novela. Por un lado la novela histórica, la cual tiene cierto auge en este momento y sobre todo contado por mujeres y sobre mujeres, pero la narrativa histórica se viene dando como una forma de humanizar a los héroes. Siempre tenemos historias que cuentan qué hicieron nuestros próceres, pero no qué sentían, cuáles eran sus gustos, como eran como padres, es decir el punto de vista humano. Pero además esta novela se puede llegar a leer como literatura de género, el rol de las mujeres que han luchado y construido la historia argentina estaba invisibilizado, las mujeres del día de hoy sienten que son partes de un cambio y Eulalia viene a ser de alguna manera una antecesora de todos esos cambios.

¿Qué planes a futuro tiene?

Me ha gustado muchísimo la investigación, he disfrutado mucho el proceso de búsqueda. Cuando era chica y estudiaba para ser profesora, le comentaba a mi madre que no me gustaba tanto la docencia “¿Qué te gusta?” me preguntaba y le decía que me gustaba investigar. Creo que en este proceso de escritura fue lo más cercano a ese sueño de mi vida de investigar, por ejemplo me detenía en un momento determinado, supongamos en el momento en que ella se está por casar, entonces decía “bueno, a ver qué ropa se usaba” y me tenía que poner a investigar eso, trate de ser lo más honesta con el personaje, con el contexto histórico, con lo cual me llevaba a investigar mucho y me voy a quedar en esa época, voy a seguir trabajando con otras novelas históricas, con otros personajes de la cultura, de la historia y de la política catamarqueña, voy a seguir trabajando con novelas vinculadas a eso, no es fácil porque trabajo coordinando talleres literarios, en una biblioteca, como correctora de la editorial “El Trébol” y el proceso de escritura va aunando a un proceso de lectura e investigación. Ya tengo sobre quien voy a trabajar, tengo el material de lectura y la estructura narrativa.

¿Qué vamos a encontrar en el libro de Eulalia?

La tapa es un cuadro realizado por Mariana Abregu, es una pintura catamarqueña. A mí me gusta mucho el tema de las causalidades, por algún motivo se me dio por entrar a ver una muestra de Mariana, me gustó mucho el estilo pero no la conocía personalmente, ella trabajó con la imagen de Eulalia pero más con el símbolo, porque la geografía tiene que ver también el cómo determina al hombre en esa época. Recordemos que ella pasaba gran parte de su tiempo en Catamarca en el valle, pero gran parte de su tiempo en sus propiedades de Ancasti y que para ir y volver tenía que subir el murallón del Ancasti. La diagramación estuvo a cargo de Nicolás Reynoso y la edición del libro por parte de Editorial El Trébol, una empresa catamarqueña de propiedad de Héctor Luna.

Una sola mujer no hubiese hecho nada, una sola mujer no pudiera haber enfrentado ni tener la valentía para llegar a encarar todo, ella tuvo una serie de ayuda de mujeres que trabajaron a la par de ella, que la contuvieron, de la misma forma este libro es una red de personas que estuvieron a la par mío, ayudándome, aportando, compartiendo, la primera lectora de cada capítulo es mi hija. Detrás de este libro hay mucha gente de la cual estoy muy agradecida.